Candela Cerrone, ganar para que resuene, ganar para la conciencia

Por Juan Pedro Ceroniuk y Franco Poretti

Candela Cerrone, maratonista de 42 años, se consagró ganadora en la 15a edición del maratón en Puerto Argentino, Islas Malvinas. Habló con El Equipo de cómo se preparó para el desafío, el sentimiento de correr en las Islas teniendo un familiar veterano, hasta el conflicto que le trajo en la isla la nota posterior a la victoria con una periodista inglesa.Una historia que no es posible pensar sin, a la vez, poner el ojo en el periodismo y en la comunicación.

-¿Cómo fue el recorrido que hiciste desde tus primeros maratones hasta convertirte en campeona de uno tan significativo para los argentinos?
-Surgió de casualidad, yo no busqué ir a Malvinas, Malvinas me buscó a mí. En 2023 iba a la maratón internacional de Buenos Aires la cual no pude correr por una operación, un tema de salud del cual me encontraba muy complicada, entonces ya tenía una angustia por no correr la maratón. Yo fui a acompañar a mis alumnos, del grupo de corredores de Pinamar que lidero, tuve que mirar de afuera la carrera, y ahí me di cuenta de que cerraban la maratón dos personas del ejército marchando con su ropa oficial, me acerque y les pregunté por qué marchar cerrando la maratón,y eligieron esa forma porque no podían correr por un tema de salud como yo. Marcelo de Bernardis es a quien conozco ahí y me termina llevando a la maratón de las Islas Malvinas. Ahí me entere de que existían y empecé a pensar como poder ir. Es costoso porque son tres vuelos, más los hoteles.

-Y empezaste.
-Para ir empezamos la preparación un año antes,con carreras de por medio para entrenarme y los últimos cuatro meses fueron exhaustivos, bien específicos para llegar de la mejor manera a esta maratón que técnicamente es complicada, por el clima, por el viento, por lo desértico que es el escenario. Tiene altimetría, mucho retome. La mayoría que va -pero va poca gente- es por el atractivo de la maratón homologada más austral del mundo. Para nosotros, los argentinos, es otra cosa.

-O sea, un desafío duro.
-Claro, la preparación para ir era muy difícil porque nos levantábamos muy temprano con Alexis, un compañero, para entrenar 5.30 o 6 de la mañana y, después, irnos respectivamente a los trabajos. Luego, el gimnasio, kinesiología y todos los preparativos para llegar de la mejor manera porque no soy una persona joven: llegando a los 50 es difícil correr en ese ritmo.

-¿Qué otros obstáculos tuvieron?
-En el medio de la preparación, me enteró por Marcelo que no podemos usar ningún tipo de vestimenta con los colores de Argentina. Como que me explotó la cabeza porque quiero que se sepa que Argentina está corriendo en nuestras islas y ahí me cayó la ficha de que la única manera de que se dé es que gane la carrera. Y eso fue una motivación extra para poder lograr el objetivo. Nunca me imaginé esta repercusión. No paró de dar notas de todo tipo, primero a Maxi Tempre, que fue el que se le ocurrió la idea de filmar 200 metros antes de la línea de meta.

-¿Se puede decirle algo al periodismo luego de una exigencia como esa?
-El que corre una maratón puede entenderme. Con la adrenalina que llegás en esos metros finales, no me fue posible estar consciente de lo que dije en ese momento. Vi despues el video cuando me dicen que se había viralizado. Si recordaba que, cruzando el arco, había gritado «Argentina», con los puños en alto, y la nota que me realizó la periodista inglesa del Penguin News, que me trajo problemas después en la isla. El video, también. Pero eso fue después por la repercusión. En el medio de la euforia. cuando me pregunta la periodista qué se siente haber ganado la maratón, yo dije «estoy feliz de haber podido ganar tocando nuestro suelo con la bandera en el cielo». Eso molestó muchísimo a tal punto de que la nota no se subió: después en la premiación, no hicieron la típica de recibir el podio de los primeros tres, no hicieron subir ni al ganador ni a la ganadora. Me mencionaron el nombre y apellido pero no la nacionalidad.

-¿Se puede saber qué dijiste en esa nota?
-Eso: que estaba feliz de haber podido ganar tocando nuestro suelo con la bandera en el cielo. Porque el cielo estaba atípico para Malvinas, un cielo sin nubes con un sol radiante, y a uno de los argentinos con los que estábamos ahí en el pelotón de salida le dije: «Bueno, no tenemos nuestra bandera pero mirá lo que es el cielo». Eso me quedó en la cabeza y, tres horas después, dije lo que dije, pero sin animo de ofender para nada. Era lo que yo había sentido. Después, no recibí ninguna premiación, ni copa, ni diploma, solo la medalla finisher que les dieron a todos. Me dijeron que me la iban a mandar por correo.

-¿Y quedó en eso la situación?
-Sumado a esto, nos dicen que el gobernador de las islas recibe a todos los corredores en la casa de gobierno y muchos argentinos no querían ir ni locos con los británicos. Dije que iba, porque era la forma de poder tener la foto que yo quería, con el soldado masculino que ganó y con las dos inglesas que quedaron atrás mío. Lo veo al gobernador y le pido la foto. Nos la sacamos. Se acerca el gobernador y me traducen lo que me estaba diciendo. Automáticamente cambió su cara y la de mi compañero que me traducía: “Vos sos bienvenida a correr cualquier maratón o cualquier actividad deportiva pero no a hacer política a la isla”. Yo le dije que solo venía a correr la maratón y que estaba feliz de poder ganarlo ya que a eso vine, a lo que me responde «usted estuvo diciendo que estaba en suelo argentino y yo le recuerdo que este suelo es inglés». Momento álgido, incómodo, no tuve miedo pero sí me intimidó. Y agregó que tenían descontento porque yo había desplegado la bandera donde no se debe. Le respondí que que de ninguna manera, que nosotros cumplimentamos todas las reglas que existen: desplegarla sólo en el cementerio de Darwin de la cintura para abajo. Después nos enteramos de que era otra argentina que había ido a correr, hija de veteranos, que sí alzó la bandera pero no la oficial, sino la que, en cambio del sol, tiene a las Islas Malvinas en el medio. Y el gobernador asoció que esa era yo. De ahí en más, la estadía en la isla fue incómoda.

-¿Tuviste miedo ahí?
-No, lo que sí tuve fue como una culpa por mis compañeros porque yo era la única mujer del grupo donde estábamos alojados. Muchos de los corredores argentinos pasaron momentos incómodos con dichos, actitudes. Hubo un argentino que estaba en un bar con su mujer y un holandés se le acercó diciéndole que no eran bienvenidos a las Islas los argentinos. Fue una situación incómoda, como violenta. Pero miedo, no. Dicen que no me van a volver a dejar entrar a las islas, pero yo confío en que se va a dar. Yo lo voy a intentar porque me gustaría volver para hacer lo único que sé hacer que es deporte.T también me gustaría cruzar el estrecho que une las dos islas nadando como ya hicieron dos argentinos, también. Y correr los montes o los cerros donde fueron las batallas.

-¿Esta experiencia marcó un antes y un después en tu carrera?
-Tremendo, no por el triunfo sino por lo que viví en la isla. Creo que si no hubiese ganado de todas formas marcaba un antes y un después esta carrera. El triunfo sirvió para visibilizar, para que se hable del tema, hace días y días que se habla sobre Malvinas. Estoy segura de que un montón de generaciones cuatro años atrás, en el Mundial, preguntaban quiánes eran los pibes de Malvinas por la canción. Hoy se está preguntando o recordando: un pueblo sin memoria no es un pueblo. Para avanzar necesitamos saber de donde vinimos. A la vez, tengo la fantasía, que ojalá no sea solo eso, que esto haya servido no solo para recordar, sino para que las nuevas generaciones encuentren el modo de poder recuperar nuestras islas, que no sea a través de una guerra, yo tengo la intuición de que van a volver a nuestras manos.

-En lo que tiene que ver con el periodismo, ¿pasó algo más que ese miedo que describís en el encuentro con el gobernador?
-Estábamos alojados en una casa de una isleña y yo daba notas por videollamada. Pero un día esa persona me dijo que no me permitía dar más notas ni conectarme al wifi de su casa porque la comunidad la había hostigado a ella por tener argentinos en su casa y porque en las notas que daba se veía el fondo de su casa. Entonces no pude hacer mas notas. También, si salíamos a lugares públicos nos decían comentarios incómodos.

-Hablaste de las reacciones, de que diste muchas notas, ¿qué sentís de esa experiencia?
-Es agotador porque no estoy acostumbrada. Es más, pido disculpas por los millones de mensajes que no respondí o no llegué a acordar un horario. Quiero cumplir con todos porque es lo que está sumando, lo que se buscaba. He tenido mensajes y notas hermosas con muchos mensajes de familiares que no esperaba, también de veteranos con historias. Eso no me lo esperaba, me conmueve mucho más porque al haber recorrido las trincheras, estando ahí, prendas de los soldados, pertenencias, cosas muy movilizadoras, me hicieron tomar aún más conciencia de lo que vivieron.