Guillermo Salatino, el hombre que iluminaba caminos

Por Pedro Fermanelli (*)

“Vení, Pedrito, vamos a sacarnos una foto”.

Fue el año pasado en Groningen, en la previa de la serie de Copa Davis entre Argentina y Países Bajos. Hasta allá fue Salata, una semana antes de cumplir 80 años y con todos los dolores a cuestas. Los del corazón y los que -prácticamente- ya le impedían caminar. Se había retirado de las coberturas internacionales en 2022, después de cubrir durante 45 años los torneos de Grand Slams y cuanta serie de Copa Davis jugara Argentina en el mundo. Y, sin embargo, alguna fuerza interna le dijo que todavía había un poco más. Entonces me llamó por teléfono, allá por agosto, para anunciarme que se embarcaría en la expedición neerlandesa. Como lo hizo, semanas después, otra vez, para decir presente en Las Finales de Bolonia. Muchos pensaban que estaba loco y no era fácil contradecirlos.

La locura de Salata por el tenis iba más allá. Y Salata iba, empujado por una voluntad de acero, a buscar un poco más de tenis. Después de haberlos visto a todos. A todos, eh. Alguna que otra vez discutimos, pero también compartimos lindos momentos que atesoro. Me pidió esa foto. Él a mí. El tipo que tenía sólo de profesión más años que yo de vida, le pedía una foto al que siempre anda detrás de las fotos porque quería publicarla en sus redes.

Se lo va a extrañar, claro.

Sobre el final y golpeado por la vida, Salata andaba despacio, aunque sin perder, jamás, el aura de los que saben iluminar caminos.

(*) Periodista. Egresado de Deportea. Director de Comunicación de la Asociación Argentina de Tenis