Hasta siempre, Alberto Dean

Por Jorge Fernández Gentile (*)

Alberto José Dean ha sido un cabal representante de un periodismo deportivo que, desde hace unos años, se ha ido extinguiendo tal como lo conociéramos décadas atrás, cuando las redes sociales, los reels y los streaming no eran siquiera una idea. El martes 17 de febrero, luego de un largo período en el cual la salud fue minando su capacidad para crear contenido, se ha ido para siempre, dejando, a quienes lo conocimos, un vacío tan inmenso, que duele demasiado.
“Beto”, como muchísima gente lo supo tratar, había nacido en 1949. Podría decirse que fue un “Cuervo” desde la cuna, con una infancia complicada por su salud, y que le dejó secuelas permanentes, Dean no sólo se sobrepuso a eso, sino que llegó bien arriba en una carrera periodística a nivel profesional con tintes indudablemente muy elevados. En mi caso, lo conocí en 1980, cuando ya era uno de los encumbrados editores de la sección Deportes de la edición matutina del Diario Crónica. Y vale la aclaración, en tiempos en los cuales, sin internet y con apenas un puñado de canales de aire, y la radio como mejor método de información electrónica, los diarios representaban una casi obligada necesidad para los lectores de entonces, ávidos de devorárselos, si se quería estar debidamente informado por aquellos tiempos en los cuales una primicia de tapa “descansaba” varias horas desde que se imprimía el ejemplar, hasta que despuntando el alba un medio radial o televisivo replicaban esa especie y se masificaba. Alberto fue, en ese sentido, un tipo que desde sus inicios, siempre vivió muy informado, condición vital para la profesión de periodista.

Tras estudiar en el ya desaparecido Instituto de Ciencias de la Información, de la Fundación Universitaria del Once (FUO-ICI), fue muy cercano por esos años, entre otros, con colegas de la talla de Jorge Norberto Torres, Roberto Leto, Daniel Console y el Bambino Pons, algunos por transitar varios caminos juntos, otros por el amor que tenía por los colores de el club de su vida, San Lorenzo de Almagro. Como gran futbolero de ley que era, siendo un notable periodista, nunca tuvo empacho en demostrar su amor por la camiseta azulgrana. Lo que no le impidió mantener su ecuanimidad y criterio. Lo conocí en 1980, y enseguida nos llevamos muy bien, aun siendo mi jefe y yo un simple aprendiz. Recuerdo que, en aquella vieja redacción de Crónica, en el quinto piso de Azopardo y Garay, su presencia no pasaba desapercibida. Y jamás voy a olvidar aquel 15 de agosto de 1981, cuando el Cuervo descendió. Aquel día, Alberto había ido a la cancha de Ferro, donde Argentinos Juniors y San Lorenzo se jugaban mucho. Y la victoria del “Bichito” mandó a la segunda división al primer grande del fútbol argentino. Enrique “Quique” Martín, quien compartió aquella cobertura para el diario, recuerda que Beto lloraba, pero aun así hacía notas con los protagonistas en el estadio. Y siguió llorando, por momentos desconsolado, al llegar a la redacción, pero de igual manera cumplió cabalmente su tarea periodística. De ese doloroso momento he sido testigo.
Quien estas líneas escribe lo conocía desde un año atrás, pero quizás aquel día, me terminé de convencer, y de entender, cuál era su fórmula para que a muchos nos sirviera de modelo a seguir: Trabajar duro, estar híper informado, aplicar toda tu increíble sapiencia del periodismo, más tu inteligencia, innegable pasión e intuición. Así, fue acercándose a la cima de los mandamás de la sección, aunque en su caso, siempre para modelar, entre todos, el contenido que generaba Deportes, con el criterio periodístico al detalle, que ponían a la sección en la pelea entre las mejores. Sí, aprendí muchísimo de el querido Beto. A entender la mecánica de todo el laburo que hacíamos, pero además, porque entendía que su cargo no impedía fomentar la amistad. Así, se jugó al mandarme a cubrir un partido de primera división, sacándome del ascenso, cuando aún tenía mucho que aprender. Fue moldeando, a su manera, una forma de hacer periodismo muy eficaz, simple, efectiva, pero a la vez mordaz, siempre en la búsqueda de dar más, de ofrecerle al lector lo mejor, y que repercutía en muchos de quienes veníamos buscando un lugar en el periodismo deportivo profesionalizado de aquellos años.
Recuerdo haber visto en la redacción, una foto de Beto con Diego Maradona, cuando aún D10S era una enorme promesa. Su sentido de la anticipación era notable. Pertenecí a una generación, a fines de los años ´80 y principios de ls ´90, en la que comenzaron a crecer con los suplementos deportivos, una novedad que le daba estatus de “otro diario” dentro del cuerpo principal del diario. Y Dean, como uno de los que estaban al mando de la sección, siempre con esa capacidad para titular con el estilo de Crónica, que no todos pueden hacer, lideró esas filas. En medio de todo eso, su generosidad, junto a los otros jefes de aquellos años, permitieron a muchos crecer profesionalmente, en mi caso, al permitirme las coberturas del boxeo y del automovilismo deportivo, dos disciplinas de las más grandes por cubrir y que gracias en gran medida a Dean, me hicieron un verdadero especialista.
Su amor incondicional por la entidad azulgrana la plasmó con el libro San Lorenzo querido – 100 años de pasión, que lanzó en 2007. Se trata de una recopilación detallada y muy completa que abarca desde la fundación de la entidad de Avenida La Plata, hasta el título de 2007, incluyendo fotos inéditas, testimonios de varios ídolos como Héctor Rodolfo «Bambino» Veira y José Sanfilippo, pero que también equilibra los momentos más felices con las etapas más tristes de uno de los cinco grandes del fútbol nacional.

Y si algo faltaba para elevar sin dudas nuestra relación a la estatura de amigos, eso se dio al vivir a pocas cuadras de distancia, por lo que fue habitual, por muchos años, que fuéramos y regresáramos juntos del diario, compartiendo cierres, pero también cuestiones de la vida, las familias, el día a día. Siempre, con su gran pasión por el fútbol, y casi a la misma medida, su amor por San Lorenzo y por la albiceleste del seleccionado nacional.

Los relatos de sus historias y anécdotas, como cuando cubrió al seleccionado nacional de Carlos Salvador Bilardo en giras por el mundo, fueron siempre cargadas de mensajes escondidos que sirvieron de ejemplos para muchos al mostrar varios secretos de una profesión fascinante, pero que tiene sus vueltas. En 2010 ya no trabajó más en Crónica y recaló en diferentes tareas relacionadas con la Asociación del Fútbol Argentino. Es cierto, el tiempo pasó y nos fuimos distanciando. Aún así, cada tanto hablábamos telefónicamente hasta que, desde hace bastante tiempo, su salud comenzó a deteriorarse progresivamente, hasta su doloroso adiós definitivo. En lo personal, siempre deberé agradecerle a vida que hayamos sido amigos y colegas. Por eso mismo, querido Beto, prefiero creer que te has ido de gira, una vez más. Y hasta siempre.

(*) Periodista, escritor y docente en Deportea