Hernán Santos Nicolini, la aventura del boxeo

Por Juan José Panno (*)

En septiembre, Walter Saavedra; hace poco, Marcelo Araujo y Ernesto Cherquis Bialo; ahora, Hernán Santos Nicolini. La muerte —»a la muerte habría que matarla», decía Osvaldo Ardizzone ante la partida de los seres queridos— se ensañó últimamente con grandes figuras del periodismo deportivo.

Nicolini, quien estaba cerca de cumplir 80 años, fue un referente absoluto del boxeo desde todos los roles periodísticos posibles. Fue, además, un notable productor de eventos. Todos en el ambiente lo llamaban «Santitos», porque desde muy chico supo abrirse camino con talento, picardía y una habilidad innata para las relaciones públicas.

En el último tiempo dio pelea: primero contra una fractura que lo mantuvo postrado y luego contra una fuerte neumonía. Se nos fue el enorme Nicolini, y tan grande como su figura es el pesar que deja su partida.

(acá abajo, el relato dedicado a Nicolini en «Todas las voces todas»)

Hernán Santos Nicolini, Santitos para todo el mundo del deporte vinculado al boxeo nacional, debía relatar para LV7 de Tucumán una pelea por el título entre Nicolino Locche y el brasileño Joao Henrique, pero Radio Rivadavia tenía los derechos de exclusividad. Entonces, ¿qué hizo? Se instaló en el Hotel Plaza Roma, pegado al Luna Park, escuchó los relatos de Osvaldo Caffarelli y los replicó con un round de atraso. La de Locche no fue la primera ni la última de las peleas contrabandeadas. Cuando se enfrentaron Ringo Bonavena y Muhammad Alí en el Madison de Nueva York, en 1971, Nicolini, por algún motivo nunca aclarado, no podía transmitir para LV7 de Tucumán. Y me convocó a mí, que era compañero suyo en el Círculo de Periodistas Deportivos y que nunca había hecho otra cosa más
que prácticas con un grabador.

–Tenés que relatar la pelea esta noche –me dijo.

–Pero si pelean en el Madison.

–Lo hacés por televisión, en un estudio en Palermo. Tenés que decir que estás transmitiendo directamente “desde aquí”, sin más precisiones.

Solo faltaba el parche de pirata.

“Siempre fui un caradura encubierto”, dice este singular personaje que descubrió el amor por la radio y por el boxeo cuando en el colegio primario les permitieron a los alumnos escuchar el relato de la pelea en la que Pascualito Pérez le ganó al japonés Yoshio Shirai y se consagró campeón del mundo. Cree haber relatado más de 2 mil peleas, 150 de ellas por títulos mundiales. Vio combates como relator, como espectador y como curador de boxeadores entre round y round, un oficio que le había enseñado Angelo Dundee. Y como habla varios idiomas (español, inglés, italiano, francés), fue asesor de Tito Lectoure en los acuerdos internacionales y la confección de
los contratos de las peleas de boxeadores argentinos. Sabía de leyes porque su papá, Hernando Nicolini, era abogado penalista, uno de los secretarios de Eva Perón.

En el living de su departamento del barrio de Once se destaca como decoración un poster de la pelea en la que Carlos Monzón le arrebató el título al italiano Nino Benvenuti. Nicolini, a sus 24 años, había adquirido los derechos de transmisión de ese combate y recuperó la inversión vendiéndole el permiso a Radio Rivadavia. Acordaron con José María Muñoz que con Osvaldo Caffarelli relatarían un round cada uno, Caffarelli los impares y él los pares. La pelea se definió en el decimosegundo round y todo el país escuchó ese capítulo en la voz de Nicolini.

Es capaz de repetir palabra por palabra todo lo que dijo en el momento de la consagración de Monzón. También fue la de él.

Además de boxeo relató fútbol, ciclismo, automovilismo y otros deportes que apenas conocía en los Juegos Olímpicos de Munich 72, contratado por la cadena colombiana Todelar. ¿Los mejores relatores de boxeo? Bernardino Veiga, Caffarelli, Fioravanti y Ricardo Arias. “Esos corren con la fusta bajo el brazo, yo vengo de atrás, pegando”, dice en una metáfora burrera quien llegó a ser propietario de 40 caballos de pura sangre.

Ganó fortunas y se la gastó casi toda en viajes. “Conozco más de 70 países”, dice a modo de orgullosa explicación.

(*) Fundador de TEA y Deportea. Trabaja en Página/12