Juan José Panno, el relator de los relatores

Por Franco Poretti y Juan Pedro Ceroniuk

Escritor, fundador de Tea y Deportea y periodista argentino, Juan José Panno acaba de poner sobre la mesa el más flamante de larga colección de libros. Se trata de Todas las voces todas, un volumen sobre historias de relatores, con prólogos de Daniel Lagares y de Ariel Senosiain y publicado por Ediciones Alrco..Maestro de periodistas de ya muchas generaciones, dueño de una curiosidad incesante, observador experiemntado de los mundiales de fútbol (cubrió los tres que la Selección argentina ganó en mayores), cuenta, en esta charla con El Equipo, sus deslumbramientos, hallazgo tras hallazgo, en la construcción de esta obra.

—¿Por qué un libro así?
—Tenía ganas de hacerlo por dos motivos. Primero, me impactó mucho el trabajo de Carlos Ulanovsky, un grandísimo periodista, sobre la picaresca del periodismo gráfico. Y segundo, porque cuando hacíamos la serie Secretos del Periodismo Deportivo, que emitimos desde la sala de streamming de Tea y Deportea, un ciclo en el que entrevistábamos a periodistas deportivos, siempre aparecían historias muy interesantes vinculadas a transmisiones. Ahí me pregunté: ¿por qué no hacer un libro con historias curiosas, divertidas y apasionantes sobre relatores y transmisiones deportivas? Y, a medida que fui hablando con colegas, confirmé que había muchísimo material, incluso más del que imaginaba.

—¿Cuál es el registro del libro?
—Empezó como una recopilación de anécdotas, pero después tomó otra dimensión. También es un homenaje a relatores, especialmente a Walter Saavedra, que falleció el año pasado, a quien está dedicado. Además, muestra la evolución de las transmisiones deportivas desde aquellos relatos casi artesanales hasta el presente globalizado, en el que muchas veces no se sabe quién transmite, desde dónde ni para quién.

—¿Dirías que fue inspiración o impulso?
—Es una mezcla.También influyó mi propia experiencia como relator y comentarista: viví situaciones que me hicieron pensar que debía haber muchísimas más historias. Y así fue.

—El libro también muestra cambios en el relato deportivo. ¿Qué diferencias ves entre antes y ahora?
—La diferencia es enorme. Antes ya había estilos muy marcados. Por ejemplo, Fioravanti tenía un lenguaje pulido, lleno de sinónimos; mientras que José María Muñoz era más popular, más directo, con una fuerza impresionante. Después, apareció Víctor Hugo Morales, que combina lo mejor de ambos: riqueza lingüística, potencia y una teatralidad única que hace vivir el partido como si fuera una escena. Y más adelante, Marcelo Araujo revolucionó el relato televisivo: le puso ritmo, identidad, frases propias. Nombraba a los jugadores, pero también generaba una conexión distinta con el espectador. Hoy, en cambio, hay un cambio estructural: muchos relatos se hacen “off tube”, sin estar en la cancha. Eso modifica completamente la esencia del oficio.

—¿Cómo fue el proceso de recolección de historias?
—Fui armando un gran archivo con testimonios. Hablé con más de 80 personas: relatores, comentaristas, vestuaristas, de distintas partes del país e incluso del exterior. Lo más valioso fue el proceso. A veces llamaba a alguien para una charla breve y terminábamos hablando durante horas. De todo ese material, quizás usaba solo unas líneas, pero lo que quedaba era muchísimo más.

—¿Te asombró lo que fuiste encontrando?
—Hay historias increíbles. Como la de un relator cordobés que en su debut gritó un gol que no había sido. Pensó en abandonar, pero decidió seguir. Con el tiempo, terminó relatando una final del mundo. Ese tipo de relatos dejan una enseñanza muy fuerte: no hay que desenchufar.

—¿Ese es el mensaje principal del libro?
—No es el único, pero sí uno importante. Entre anécdotas divertidas y situaciones absurdas, también aparecen historias que dejan enseñanzas.El libro muestra lo precario que puede ser el trabajo del relator, lo poco que muchas veces se gana y cómo fue cambiando el oficio. Pero, sobre todo, busca contar historias.

—¿Incluiste experiencias propias?
—Muy pocas. Apenas menciono una vinculada a Hernán Santos Nicolini, con quien compartí el Círculo de Periodistas Deportivos. Gracias a él, me tocó relatar por primera vez una pelea histórica entre Oscar Bonavena y Muhammad Ali… ¡desde un estudio en Argentina! Era todo bastante “pirata”, pero también muy creativo. Ese espíritu también forma parte del libro.

—¿Qué te dejó escribir este libro?
—Me deja lo mismo que otros trabajos: la satisfacción de haberlo hecho con pasión, sin especulación económica, y la posibilidad de compartirlo. También me interesa el rol docente. Creo que puede servirles a los más jóvenes para conocer la historia del oficio. Y a los más grandes les va a generar identificación, porque somos hijos de la radio. No es solo nostalgia: también hay voces nuevas, relatos actuales y distintas formas de contar el deporte.

—¿Cuánto tiempo te llevó hacer este trabajo?
—Fue bastante rápido en comparación con otros libros. Durante siete u ocho meses me dediqué a recolectar testimonios y después vino el proceso de escritura, reescritura y corrección.

—¿Sentís que quedaron historias afuera?
-Siempre. De hecho, después de terminado, me siguieron llegando anécdotas buenísimas que ya no entraron. El otro día hablé Ricardo Porta, que es un relator santafesino. Me llamó por otra cosa. Entonces me preguntó por el libro y me dijo que tenía una historia para contarme. En un partido de Unión o Colón, no sé con quién, le lee los labios a un jugador que lo estaba puteando al referí. Quería cuidar el lenguaje y se preguntó si decía lo que el jugador había dicho. 
¿Qué le dijo? Le dijo la concha de tu M. Entonces los compañeros, le decían, bueno cuídate la lengua, que en vez de decirle la C. puntos suspensivos de tu madre, se le olvidó…

—O sea que siempre queda algo pendiente.
-También me hubiera gustado hablar con algunos referentes históricos o profundizar más en ciertos casos. Pero el libro es eso: una selección dentro de un universo enorme.