Por Alejandro Fabbri (*)
Ya se han utilizado casi todas las expresiones para definir a Marcelo Araujo, que murió el 16 de marzo a los 78 años en su amada Buenos Aires. Definiciones exactas, aproximaciones, opiniones con algún dejo de malicia y reconocimiento firme a lo que fue: un relator del fútbol televisado que liberó al deporte más popular de un vocabulario pacato, repetido y hasta aburrido.
Lo consiguió porque buscó y buscó hasta que lo encontró. Justo él, que siempre había pensado maneras de mejorar las transmisiones y de ser original para sumar adherentes. Ya era así cuando con otros periodistas jóvenes armó Deportes Belgrano en 1974, un intento de pelearle el apoyo popular a José María Muñoz en las radios nacionales. No hubo manera.
Egresado del Círculo de Periodistas Deportivos, fue ampliando su labor en la mítica Oral Deportiva y teniendo en el horizonte conseguir mejores trabajos, en la radio y en la televisión. Formó parte del grupo creador de Sport’80, el mítico programa que se inició en 1980 y que, con la incorporación de Víctor Hugo Morales, le pasó el trapo al invencible Muñoz.
En plena dictadura cívico-militar, desde el espacio “Cada loco con su tema” iniciaron un camino poco frecuentado por el periodismo futbolero, esto es hablar de las penurias que vivía la gente, el plan económico, la falta de libertad y los tremendos abusos de los militares. Para 1983 participó de “Todos los goles”, el programa que competía con Fútbol de Primera y cumplía con lo que no hacía el que después sería su casa permanente. Daban todos los goles de todos los partidos, algo que no siempre pasaba en el oficial FdP.
Para 1989 y con la llegada de Carlos Menem a la presidencia argentina, fue su amigo Mauro Viale quien renunció al relato en Fútbol de Primera y allí tuvo la oportunidad de convencer a Carlos Ávila para ocupar ese lugar. Arrancaron en Canal 9 y dos años después se mudaron a Canal 13. La nueva dupla con Enrique Macaya Márquez funcionó cada vez mejor, con la permanente pero saludable distancia entre uno y otro, el relato que se iba haciendo más popular en su lenguaje, mientras que Macaya mantenía su estilo serio, intentando explicar el juego sin otros agregados.
La buena relación entre ambos, la química que se fue gestando, sirvió para que fueran un dúo necesario para todos, con tonos y colores que le ponía Marcelo y frases medidas al tipo de partido que se jugaba desde Enrique. Se hicieron casi imprescindibles y en aquellos años noventa provocaron que la mayoría de la gente no bajara más el volumen del televisor para escuchar la transmisión radial, porque Marcelo le ponía detalles intimistas al juego, sumaba palabras en inglés, algún giro desinhibido y detalles del lunfardo tanguero tan porteño como él mismo.
En medio de ese crecimiento profesional, de cautivar una mayoría con las transmisiones televisivas, Marcelo siguió con sus programas radiales y el estilo que unía la natural capacidad para expresarse, sus conexiones con gente de primer nivel en casi todos los clubes y una buena relación con Julio Grondona. A la par, siempre cerca de Diego Maradona, de la selección nacional y de Carlos Bilardo.
Sencillo en el trato, chistoso pero exigente con quienes colaboraban con él, también se ponía al frente cuando de reclamar mejores condiciones salariales o de trabajo se trataba. El puesto o el prestigio no le impedían ocuparse de que le hicieran más fácil la vida a sus compañeros de transmisión.
Siempre fue peronista y como lo señala la historia de ese mismo partido, tuvo momentos diferentes en lo ideológico. Fue menemista en los noventa y fue de otro sector años más tarde. La coherencia, en todo caso, supo mantenerla en su evolución como relator y como periodista. Opinaba y le gustaba. Relataba y le gustaba. No había contradicciones en esto.
A muchos de nosotros nos ayudó para entrar a algún trabajo, nos animó a no tener temores a ningún micrófono o a ninguna cámara. Siempre defendió los datos exactos, era enemigo del “creo que” o “me parece” porque si no estaba la información precisa, no tenía validez la explicación.
Enseñó y formó a muchos relatores, jóvenes apasionados por hacer lo mismo y si se podía, mejor que él. No es fácil, pero varios lo siguen intentando.
(*) Periodista. Trabaja en TyC Sports. Autor de «El nacimiento de una pasión» y de «Historias negras del fútbol argentino», entre otros libros.
