Roberto Bonano, desde el arco del análisis

Por Julián Cándido y Juan Cruz Romeo

Roberto Bonano hizo maravillas en los arcos. Atajó muchísimo de lo 1ue le patearon entre 1991 y 2006. Brilló en su Central querido, en River, en la selección, en el Barcelona, en Murcia y en Alavés. Como ex futbolista, se volció parte del cuerpo técnico de Eduardo Berizzo. Buen lector, a veces cuentista (publicó en la serie Pelota de papel), habló con El Equipo acerca de cómo se manejaban antes los futbolistas notorios con la prensa y qué ve ahora, en tiempos donde manda la inmediatez de la información.

-Usted debutó a finales de los 80. En aquella época, la prensa escrita y la radio dominaban, y había una relación más cara a cara con los jugadores. ¿Cómo era esa convivencia diaria? ¿Siente que había más proximidad o más respeto por la distancia entre el futbolista notorio y el periodista en comparación con hoy?

-En la época en que a mí me tocó debutar y casi durante toda mi carrera, se diría que había una relación de mucha más distancia, más respetuosa. Los medios eran mucho menos que los que existen en la actualidad. Por ejemplo, en Rosero Central, cada vez que salíamos del entrenamiento había tres o cuatro periodistas. Los conocíamos, los veíamos siempre, gente con la que teníamos trato personal, pero había una distancia, un respeto, y solo cada tanto por ahí pedían alguna entrevista. Hoy creo que esa distancia se achicó, hay muchísimos medios más. Diría que había como una especie de rivalidad en aquella época, por la cual quizá al futbolista le costaba más aceptar alguna crítica y el periodista era periodista y el futbolista era el deportista.

-¿Percibe que eso cambió?

-Ahora hay muchos ex que se dedican al periodismo deportivo, con lo cual hay como un acercamiento. También es como una invasión de un intercambio por decirlo de alguna forma y donde la relación entre futbolistas y periodistas ya es mucho más cercana, es amistosa comparada con otra época. Si es bueno o es malo, no lo sé pero ha cambiado mucho ese tipo de relación.

– Como jugador de equipos tan notorios como los que integró, ¿el foco estaba en la cancha o la zona mixta? Hoy, la noticia puede salir de un tweet o de un vivo. ¿Cuál es la mayor diferencia o dificultad que percibe en el manejo de la imagen del jugador actual, sabiendo que el control de la información ya no pasa solo por el club?

-Creo que hay una gran diferencia. Antes, ya sea el dar entrevistas, el contacto con prensa, el contacto con sponsor, dependía casi exclusivamente del jugador o de su representante. Hoy son los clubes los que manejan todo eso, todo lo que tenga que ver con marketing, con imagen, con prensa, incluso con redes sociales. Está todo mucho más controlado, por un lado, pero, por otro, también hay un montón de canales nuevos de información, donde gente, incluso que no es periodista puede opinar, puede dar informaciones falsas o malintencionadas o con alguna intención para sacar provecho de alguna forma o hatsa para agredir, con lo cual creo que es algo mucho más descontrolado, más difícil de prever, de dominar y también da lugar a muchas especulaciones, sospechas y mala información.

– Ahora que trabaja con cuerpos técnicos, ¿cree que los clubes están preparando a los jóvenes jugadores lo suficiente para lidiar con el nivel de exposición mediática y social que enfrentarán, no sólo por el rendimiento, sino por su vida privada? ¿Hay una asignatura pendiente en ese sentido?

– Creo que actualmente, debido a muchos problemas que han surgido, y no en todos los casos, pero en muchos lugares sé de clubes que tienen personas, ya sea en el área de comunicación o de marketing, que se dedican a asesorar y a manejar las redes sociales, por ejemplo, de los futbolistas. También se ocupan de aconsejar sobre determinadas situaciones que declarar o tener cuidado con algunas cuestiones que se puedan hacer públicas, que puedan perjudicar tanto al club como al propio jugador, con lo cual lo veo una base importante. Es un perfil, o me parece que son herramientas que se le pueden dar al futbolista y a la persona como para manejarse, que no solamente pueden servir para su vida profesional, sino también para su vida personal. Conocemos casos, en los que, ya sea por juventud o por inexperiencia, han tenido muchísimos inconvenientes con su imagen pública. El deportista de élite, y mucho más en casos de deportistas destacados o jugando en clubes muy importantes, es tomado como ejemplo por la sociedad, por los jóvenes, con lo cual en cierta forma hay que tomar conciencia de la imagen que uno da, de los actos que uno realiza y de la importancia que tiene a nivel mediático.

-Desde su rol actual junto a Eduardo Berizzo, la prensa se mira de otra forma. ¿Cómo cambió la gestión de la comunicación del cuerpo técnico? ¿Qué herramientas utilizan hoy (o qué indicaciones se dan al plantel) para controlar el mensaje y proteger al grupo de la olla a presión mediática?

-Nosotros como actuales entrenadores tenemos la ventaja o, por lo menos, la experiencia de haber pasado por el lugar de los futbolistas. Es clave para nuestra múltiple función de emitir mensajes como entrenadores de cara a los directivos, de cara a los jugadores, de cara al público, a la prensa. Pero también está nuestra misión del mensaje interno que le damos a nuestro futbolista. Es nuestra misión contarles (a mí no me gusta decir la palabra aconsejar, porque creo que cada uno tiene que hacer su experiencia), advertirles, formarlos y darles las mejores opciones o nuestras mejores experiencias o advertencias sobre cómo tratar determinados temas, sobre cómo manejarse, sobre qué puede ser bueno, qué puede ser malo, habiendo pasado por el lugar de un futbolista y ahora ejerciendo como entrenadores.

-Es una oportunidad de ayudar.

-Tenemos esa posibilidad que creo que es algo que el futbolista inteligente puede aprovechar. Sabemos que la comunicación con la palabra es una herramienta muy poderosa que hay que utilizar con inteligencia. Y nosotros hemos tenido la experiencia de trabajar en un club de España con un psicólogo deportivo, con un coach, que nos ha servido muchísimo. de cara a él, nos observaba mucho en los entrenamientos y, cuando terminaba, se nos acercaba, personalmente nos decía cómo debíamos comunicarnos, con qué palabras, enfatizar algunas cosas, la forma de también nuestra expresión corporal, dominar los tiempos del lenguaje, cuándo acercarse y cuándo no, cuándo dar feedback positivo y cuándo hacer correcciones.

También nos aconsejaba sobre nuestros mensajes si salíamos a declarar con la prensa. Yo asumo que fue de gran ayuda y de gran importancia no solamente para el aspecto profesional, deportivo sino también para nuestra formación personal el lenguaje creo que es una herramienta súper poderosa.

-Y, más específicamente, ¿qué hace en este aspecto el cuerpo técnico?

-El cuerpo técnico, en general, trata de blindar a sus jugadores, de quitarles presión. Siempre el mensaje, hacia afuera, va a ser de proteger al jugador, de dar un marco de cohesión, de convivencia sana, de armonía. Más allá de la competitividad y la presión que puedan existir, tratar de rebajar los niveles de presión como para generar un ámbito de convivencia sano, competitivo, de alegría y de cohesión.

– Antes, una crítica dura tardaba un día en llegar; hoy es instantánea y se viraliza rápidamente. ¿Notaste que la salud mental del futbolista se ve más afectada por esta inmediatez? ¿Cómo manejan ustedes en el cuerpo técnico los días posteriores a una derrota o un error individual muy señalado?

-Obviamente que hoy la repercusión es tremendamente rápida, viralizada y puede salir disparada hacia cualquier lado. Con lo cual nuestro nivel de contención tiene que ser el máximo. Como dije en respuestas anteriores, tratar de anticiparnos a cualquier problema, minimizar los errores, potenciar las virtudes. Yo creo que es muy importante eso, que las virtudes tienen que ser destacadas públicamente y los errores corregidos internamente y si puede ser personalmente, mejor. No exponer al futbolista ni ante el público, ni ante sus compañeros, menos ante un directivo o un periodista. Creo que ese es un manejo correcto de la forma de liderar también. Así que desde nuestro punto de vista, el entrenador depende mucho también de las personalidades, de la forma de liderazgo, de la forma de ser de cada persona incluso dentro del mismo cuerpo técnico. Más allá de que hay una idea en común de cómo manejarse, hay distintas personalidades y siempre va a haber una más fuerte que otra, una más cercana, una más contenedora, otra más exigente y, bueno, todos tenemos que ejecutar nuestros roles para el bien del futbolista y del grupo.

-En su época, conseguir información de un equipo interna dependía mucho de la relación personal. Hoy, la «filtración» es casi un género periodístico. ¿Considera que el uso constante de «fuentes cercanas» y la confianza entre el jugador y los medios de comunicación en general se fue perdiendo?

-Considero que ahora es mucho más fácil hacer notorio a un futbolista con todo el tema de las repercusiones que puede tener su actuación, ya sea para bien o para mal. Sin embargo, con la cantidad de medios que hay, con lo de las redes sociales, lo de la viralización y exposición, como así un poco también el rol que están ejerciendo los deportistas de élite en nuestra sociedad actual y mucho más en Argentina, creo que es importante manejar adecuadamente su influencia social, su influencia comunicacional y su imágen modélica. Todo tiene sus pros y sus contras.

-Si tuviera que darle un consejo al Roberto Bonano de 25 años, que jugaba sin la existencia de redes sociales digitales o apps de noticias, sobre cómo manejar la prensa actual, ¿Cuál sería el mensaje fundamental para sobrevivir y triunfar en este nuevo entorno mediático?

-Al Bonano de 25 años creo que le hubiese beneficiado siempre y cuando los mensajes que emitiera al exterior fueran los correctos. Aprovechar esa exposición como para emitir mensajes positivos en cuanto a los valores del deporte y lo educativo que puede ser el medio en el que te encontrás: cómo sirve para socializar, todos los beneficios que uno puede encontrar, siendo un deportista reconocido y teniendo el poder de hacerlo públicamente y de que sea tan visible. Eso uno lo puede decir ahora con 30 años de experiencia. A los 25, más difícil es. O, al revés, es más fácil cometer errores y, cuando uno está metido bajo tanta presión, evidentemente hay recursos que uno no domina. Diría que el buen aprovechamiento de los medios de comunicación es una parte fundamental porque, aparte, creo que es necesario también el hecho de predicar con el ejemplo, pero también hacerlo saber, hacerlo difundir cuando son ejemplos positivos.