Por Héctor O. Becerra (*)
Se cumplen 50 años de la imposición en la Argentina de una dictadura cívico-religiosa-militar. Fue un período oscuro y turbio en la historia de nuestro país marcado por la represión, la desaparición forzada de personas y las violaciones a los derechos humanos.
Pretendemos detenernos en los aspectos ligados a la comunicación y el periodismo ya que el Estado Mayor General del Ejército elaboró el Informe Especial N° 10 cuyo objetivo declarado era “estructurar un sistema integral que niegue en el ámbito de los medios de comunicación social el accionar subversivo y asegure la plena vigencia de la propia cultura nacional”. De allí que los dictadores trabajaron sobre la censura y la prohibición de noticias y contenidos que se consideraban subversivos o contrarios al régimen. Se ejerció un severo control de los medios y muchos periodistas fueron perseguidos y/o desaparecidos. Se impuso un clima de miedo y silencio prohibiendo hablar y/o leer sobre temas delicados como la represión y la desaparición forzada de personas. Se utilizó la propaganda para auto promover la imagen del gobierno y sus logros lo cual es congruente con la propuesta fundacional expresada en el título rimbombante que la dictadura se atribuyó: Proceso de Reorganización Nacional.
Consideramos que el impacto en la comunicación y el periodismo fue tan profundo y logrado que medio siglo después aún persiste en el imaginario colectivo de los argentinos y nos influencia y condiciona en el conocimiento que tenemos de esta realidad que nos toca sobrellevar. Hoy el gobierno de Javier Milei se apoya en las ideas de un Franz Luntz, que es un norteamericano, analista político, especialista en comunicaciones, conocido por sus campañas electorales a favor del Partido Republicano. Luntz trabaja con el framing que se refiere a un marco o enfoque conceptual que es una forma de presentar una situación, idea o tema para que influya en las personas de una manera tendenciosa y premeditada. Para este experto en comunicaciones lo importante no son los hechos; sino, cómo se lo dice, cómo se lo presenta. Algo muy importante está sucediendo en el terreno de las comunicaciones y ya no se trata de lo que sucede cuando se comunica espontáneamente; sino cómo la comunicación se puede instrumentar tendenciosamente haciendo desaparecer esa línea divisoria que siempre existió entre información y propaganda.
En 2017 Cristina Fernández de Kirchner pasó por el Parlamento Europeo que sesionaba en Bruselas y criticó duramente al entonces presidente Mauricio Macri y a los medios de comunicación de quienes dijo: “Estamos frente a una sociedad que no está capacitada para leer lo que pasa detrás de las noticias, que no tiene los instrumentos como para poder leer todo lo que le dicen y cuentan. Estamos frente a un fenómeno comunicacional y de información muy diferente al que conocimos nosotros en los libros”. Tenemos entonces un hito muy importante en la forma en que se comunicó, se informó y se propagandizó durante la dictadura que pretendemos revisar someramente.
“El silencio es salud” fue un jingle que se emitió por radio y TV durante la dictadura. Era una manera de promover el silencio y él no te metas como forma de auto protección frente a lo que sucedía en aquellos momentos y lo que podía suceder era que uno circulaba por alguna callecita de Buenos Aires y podía encontrarse con que de repente aparecía un Ford Falcón verde persiguiendo a una persona y la patota -otro de los neologismos de aquel momento- bajaba del auto y golpeaba salvajemente al indefenso que luego era introducido en la parte de atrás del auto sin que interviniera ningún policía. Mucho tiempo después supimos que no era una casualidad que en tales situaciones nunca hubiera personal de seguridad debido a que se planeaba que ese lugar fuera zona liberada.
La urgencia y la necesidad de encontrar una explicación a lo que habíamos observado nos empujaba a que por la noche buscáramos en la TV alguna explicación que no aparecía en las noticas. Durante los días siguientes escuchábamos con avidez las noticias radiales y buscábamos en los diarios y revistas un acontecimiento que no se anoticiaba y aunque resulte desconcertante la falta de información nos empujaba lentamente a dudar de lo que habíamos presenciado. La inverosimilitud de lo percibido no podía ser certificado, ni corroborado por las noticias, de allí las dudas acerca de si lo que habíamos presenciado había sido verdad. La censura en los medios de comunicación masivos; inclusive, en cine, teatro y libros apuntaba a impedir que lo percibido fuera objetivado por testigos y/o periodistas que en su calidad de terceros certificaran y reafirmaran lo que sucedía.
Este mecanismo de silenciamiento y censura fue diseñado por psiquiatras y psicólogos que se desempeñaban en la Escuela de la Américas, profesionales de la salud mental que conocían perfectamente que las percepciones del ser humano necesitan ligarse unas con otras en el aparato psíquico para generar entendimiento. Un percepto que no logra ligarse con el conjunto de percepciones genera primero dudas, más tarde descrédito; por último, puede llegar a suponerse que lo visto ha sido producto de una pesadilla, fenómeno este del que da cuenta Freud en sus estudios científicos y Calderón de la Barca en el terreno de la literatura cuando enuncia -con acierto- que la vida es sueño.
La alegría y los festejos por la obtención del Campeonato Mundial de Fútbol, en 1978, estuvo acompañado de otra campaña oficial publicitaria diseñada por la agencia de relaciones públicas y de publicidad Burson Marsteller con sede en New York. El slogan se repetía en radio y TV y muchos argentinos llevaban un sticker en sus autos: “Los argentinos somos derechos y humanos”.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos pretendía ser crítica con los gobiernos militares que se imponían en toda Latinoamérica y que vulneraban derechos considerados humanos: derecho a la vida, derecho a un juicio justo y derecho a la libertad de expresión. Dicha CIDH legó al país en la época del Mundial y el slogan, aunque bizarro, fue una forma de decirle a los visitantes que los argentinos éramos de derecha -no de la izquierda apátrida y subversiva- y también éramos humanitarios, de allí que no podíamos estar matando, ni haciendo desaparecer personas. El objetivo de los militares con su slogan era neutralizar las denuncias realizadas por los sobrevivientes de los centros clandestinos, los exiliados y familiares de las víctimas que habían organizado una campaña anti argentina en el exterior.
A mediados del siglo XX, el psicoanálisis y las modernas ciencias del lenguaje como la lingüística y la semiología empiezan a darle un sentido nuevo a la comunicación ya que descubren que las palabras, así como enferman pueden curar. También lo intuyeron nuestros próceres Mitre, Sarmiento y Avellaneda que -además de la política- se dedican al periodismo confiando en el poder y la fuerza de la palabra.
Los procedimientos comunicacionales de la dictadura se constituyen en un hito importante digno de estudio ya que allí podemos rastrear antecedentes acerca de cómo se está comunicando hoy. El framing no dice que vamos a eliminar la indemnización a los trabajadores; sino, que sostiene vamos a sacar las trabas que impiden conseguir trabajo. El framing no es sólo el jingle de los años ´70; pero, encuentra en éste un antecedente que le permite escribir a Mariano Quiroga en Amo mis cadenas que esta forma de comunicar logra que los trabajadores terminen festejando su propio ajuste. Una radiografía de cómo está nuestro país en el terreno de la comunicación y el periodismo.
(*) Psicólogo. Profesor de Ética y Deontología Profesional en Deportea
