Por Lucas Calmon, Lautaro Moyano y Franco Rosa
A lo largo de la historia de nuestro país se produjeron miles de sucesos icónicos, algunos buenos y otros no tantos, pero con la coincidencia de que todos quedaron en la memoria de los argentinos. Muchos de ellos parecen casos que fueron creados por los mejores guionistas de Hollywood. Uno de estos, es el atraco al Banco Río, ocurrido el 13 de enero de 2006, a plena luz del día y con un desenlace de película.
Este robo ocurrió en Acassuso, en la sucursal del Banco Río. Era una mañana tranquila, cuando aproximadamente a las 13 horas, entraron cinco hombres por la puerta principal del recinto, lograron distraer a los empleados y empezaron el accionar que tenían premeditado hace más de un año. Dos de los delincuentes, se encontraban en el Hall principal amenazando a los rehenes para que no hicieran ningún movimiento, otros dos, se ubicaban en la zona en la que estaban las cajas fuertes y los objetos de valor de cada cliente, otro los estaba esperando dentro de un túnel, que habían hecho para poder escapar y el último de ellos los esperaba en el micro que se hallaba arriba de uno de las alcantarillas que usaron para salir de ese lugar.
Lo que hizo único a este robo fue la manera en que los ladrones manejaron la situación. Durante las casi ocho horas que estuvieron dentro del lugar, los ladrones mantuvieron conversaciones con la policía y los medios de comunicación. Esto fue pensado por los delincuentes, para ellos era una forma de ganar tiempo para poder lograr su objetivo, ya que la policía no iba a entrar al banco por miedo a que les hagan algo a los rehenes. Esta negociación se transmitió por televisión y generó mucho interés del público.
El atraco finalizó cuando la policía ingresó al banco y descubrió que ninguno de los delincuentes se encontraba allí, parecía que se habían esfumado. A causa de esto, quedaron muchas preguntas sin responder; ¿Todos los ladrones estaban armados? ¿Estas pistolas estaban aptas para disparar o eran de juguete? ¿Cómo se fugaron sin dejar un solo rastro? ¿Cuánta plata se llevaron? ¿Robaron solo dinero o también objetos de valor? ¿Fue una entrega?. Con todas estas dudas y miles de rumores e hipótesis dando vueltas por el aire, el periodismo usó este delito, exclusivamente, para vender su producto con información verdadera y otras falsas.
Los diarios fueron los que más aprovecharon toda esta situación para poder lograr tener la “primicia” y generar ventas. Amparándose en la libertad de prensa, el diario Crónica publicó una nota dos días después del robo, replicando la información que daban otros medios como cierta. El dato que arrojaron era que los delincuentes escaparon por el Río de la Plata y ya habían salido del país, rápidamente. Esto fue desmentido por la policía y el medio perdió credibilidad.
A pesar de que ya pasaron 18 años, los medios y la gente siguen mencionando este caso, recordando datos erróneos que fueron difamados por la prensa de aquel entonces. Un claro ejemplo es el de las armas. En aquel tiempo muchos medios plantaron la hipótesis de que las armas usadas por los delincuentes eran falsas, pero lamentablemente esto se sigue repitiendo; en un artículo publicado el 17 de enero de 2020, el Diario Clarín volvió a sostener este dato. Sin embargo, durante el juicio el guardia de la bóveda, Walter Serrano, uno de los rehenes, afirmó que lo amenazaron con una escopeta Browning 2000 modificada con una pequeña hendidura en el mango.
Sorpresivamente, en un allanamiento, a uno de los detenidos por el robo le confiscaron un arma de las mismas características que la escopeta descrita por el empleado. Finalmente, los peritos consideraron que el arma estaba apta para disparar y con esto se cayó la hipótesis de que los delincuentes asaltaron el banco con armas de juguete. Entonces, con esta confirmación de los peritos policiales, queda en evidencia que los periodistas mentían con la información y publicar noticias falsas rompe con el deber del periodista de decir la verdad lo más objetivamente posible, además de contraponerse con el derecho a la información de la ciudadanía en general.
Si bien los medios jugaron un papel crucial en informar sobre el robo al Banco Río de 2006, también enfrentaron críticas por sensacionalismo de parte de los ciudadanos que entrevistaban en el día a día, ya que los medios daban sus testimonios en medio de las transmisiones de los programas y se mostraban muy confundidos por la difusión de información falsa y falta de profundidad en el análisis. A día de hoy, mucha gente sigue confundida por la información sobre el supuesto uso de armas falsas que los medios divulgaron en ese entonces, y eso se puede ver en los comentarios de diferentes videos que hay sobre este episodio. Esta crítica fue importante para reflexionar sobre cómo la cobertura mediática puede influir en la percepción pública y en la justicia, y para mejorar las prácticas periodísticas en casos de alta repercusión como este.
Después del Corralito de 2001 la sociedad se enemistó con los bancos. Por eso los medios de comunicación jugaron un papel crucial después del robo, ya que, en lugar de criticar a los delincuentes, los trataron como si fueran los Robin Hood de Argentina y la sociedad lo tomó como un logro positivo, a tal punto de tildar a los ladrones cómo héroes o justicieros. El diario El País tituló una nota con la frase: “Un atraco de 19 millones de dólares por amor al arte que marcó a Argentina”. Trataron como un arte el hecho de haberse llevado 19 millones de dólares, sin lastimar a los rehenes con “armas falsas”. La postura de los medios en esta ocasión debería haber sido criticar este acto delictivo y a las personas que lo cometieron.
Otro aspecto de la cobertura mediática que recibió críticas fue la falta de profundidad en el análisis contextual y en la exploración de las causas ocultas del crimen. En lugar de ir más al detalle, como la situación en la que vivían los ladrones o por las motivaciones individuales de los delincuentes, los medios tendieron a centrarse en los aspectos superficiales y dramáticos del asalto.
Las críticas hacia la cobertura del evento en sí, estuvo en la mira de todo un país, y más sobre la ética periodística y el impacto en el proceso judicial. La intensa atención mediática puede haber influido en la percepción pública de los acusados y, potencialmente, en el juicio mismo. La inicial percepción de que las armas eran falsas pudo haber afectado la gravedad de las acusaciones y las decisiones judiciales, antes de que se revelara la verdad durante el proceso legal.
En resumen, la cobertura por parte de los medios de comunicación estuvo marcada por el escándalo. No chequear las fuentes fue uno de los tantos errores que tuvieron los medios en este caso, ya que publicaban notas con datos erróneos y creaban fake news. Como en el artículo de Todo Noticias publicado el 13 de enero de 2023. Un artículo en los medios puede influir en la percepción pública de un evento criminal y subrayan la importancia de una cobertura informativa responsable y ética en casos de alta repercusión.
Fuentes
Héctor O. Becerra: Cuaderno de ética.
https://elpais.com/cultura/2021-07-02/un-atraco-de-19-millones-de-dolares-por-amor-al-arte-que-marco-a-argentina.html
https://tn.com.ar/sociedad/2023/01/13/a-17-anos-del-robo-del-siglo-en-acassuso-la-vida-actual-de-los-integrantes-de-la-banda/
