¿Cómo no voy a hablar de deporte?

Por Iván Sandler (*)

Esa es la pregunta que nos despabila cuando podemos sacar un poco la cabeza del día a día en el que estamos sumergidos en las empresas que comercializan las palabras o cuando vamos presos de esas lógicas. ¿Por qué vale la pena hablar con otros y con otras? ¿Por qué vale la pena compartir la vida? Necesitamos cuentos, necesitamos diálogos, necesitamos historias. Necesitamos organizarnos colectivamente porque es la manera más hermosa, pero también más eficiente, para poder transitar este camino. El periodismo es la charla colectiva. Algunos eligen intervenir por necesidad de atención y el contenido les da igual. Otros lograron beneficios individuales y defienden posiciones cómodas. Un montón encuentran que es la mejor manera para abrazar a la distancia. También están los que creen que sirve para mover el mundo, aunque sea un cachito. A veces conviven muchas de esas posiciones juntas. ¿Para qué vale y valdrá la pena hacer periodismo? Acaso la pregunta sirva más que la respuesta.

¿Por qué deportivo? Invertiría la pregunta: ¿Por qué no? ¿Cuántas cosas nos enseñan y nos conmueven como hace el deporte a millones de personas en el mundo todos los días? ¿Cuándo aprendimos más de geografía que durante un Mundial de fútbol? ¿En qué otras circunstancias se nos plantearon problemas que debíamos resolver, con la chance de aprender de ellos? ¿Sobre cuántas cosas nos planteamos nuestra relación con ellas porque entendemos que nos hace mal más veces de lo que queremos soportar? Yo elijo el deporte porque crecí con él, porque me unía con mi viejo cuando volvía de trabajar en la oficina. Pero podría ser otra cosa. ¿Cómo no voy a hablar de deporte si me ayuda a hacer que alguien se sienta menos solo? ¿Cómo no voy a hablar de deporte si me ayuda a exponer las injusticias? ¿Cómo no voy a hablar de deporte si hay algo hermoso para decir sobre eso?

(*) Docente de Deportea. Trabaja en VarskySports y edita VeinteDiez (especializado en pádel)