Cuando la entrevista se vuelve espectáculo

Por Matías Bianchi e Iván Linkowski Garófalo

La entrevista entre Eduardo Feinmann y los médicos del Hospital Garrahan se convirtió en uno de los momentos mediáticos más tensos y comentados de las últimas semanas. Lo que debería haber sido una conversación informativa sobre los reclamos salariales de los trabajadores representados por Norma Lezana y Maximiliano Bares derivó en un cruce cargado de agresividad, interrupciones y descalificaciones. Ambos profesionales habían sido invitados para explicar por qué protestaban y cómo los afectan los recortes presupuestarios y los sueldos insuficientes. Sin embargo, casi desde el inicio, el intercambio tomó un rumbo inesperado: Feinmann los acusó de “usar a los chicos para hacer política” y cuestionó su legitimidad profesional, sugiriendo que en realidad actuaban como militantes o sindicalistas.

Tras la polémica, Feinmann reconoció que “se le salió la cadena”, pero para muchos sus disculpas sonaron más a un cierre obligado que a una reflexión profunda. Con esto, él intentó usar su derecho de rectificación, que no fue correctamente usado, debido a que pide perdón luego de todo el revuelo que se armó en las redes sociales y por la propia crítica de otros colegas periodistas. Por otro lado, se agrega que sus disculpas fueron solamente para los oyentes del programa y no para sus dos entrevistados. Este episodio no es aislado: forma parte de un clima creciente de tensión entre el personal del Garrahan y el Gobierno, marcado por disputas sindicales y ajuste presupuestario.

Nuestra crítica hacia la actitud de Feinmann parte de un principio básico: una entrevista no puede convertirse en una emboscada. En lugar de abrir un espacio de diálogo, el conductor eligió descalificar, interrumpir y lanzar injurias y calumnias graves sin evidencia. Llamar “golpistas”, “sindicalistas” o “militantes” a los entrevistados sin sustento no sólo es éticamente cuestionable; constituye un intento de desacreditar sus reclamos antes de escucharlos. El rol del periodista, aun cuando se trate de una nota de opinión, implica respetar al entrevistado y no juzgarlo a partir de prejuicios o suposiciones políticas.

Este episodio evidencia una dinámica cada vez más habitual: la sustitución del análisis por la performance. En vez de intentar comprender el conflicto, el objetivo parece ser producir un momento televisivo viralizable, algo que genere indignación o refuerce la posición del público polarizado. Esa lógica es peligrosa porque empobrece el debate democrático y lo contamina de agresividad. No aporta claridad, no facilita la construcción de consensos y, sobre todo, no ayuda a la sociedad a entender qué está en juego.

En el caso del Garrahan, lo que está en juego es enorme: un hospital de referencia nacional que atiende a miles de chicos, muchos en situaciones de extrema vulnerabilidad. Acusar a los médicos de “usar a los chicos” es una frase de una carga moral muy pesada. No solo pone en duda la ética profesional de quienes trabajan allí, sino que instala en la audiencia la idea de que detrás de cada reclamo hay una manipulación política. Esta sospecha injustificada lastima la credibilidad de trabajadores cuyo deber cotidiano es salvar vidas.

A esto se agrega otro aspecto central: la ética periodística. El Código de FOPEA establece obligaciones claras para quienes ejercen la profesión: buscar la verdad con rigor, evitar tergiversaciones, no discriminar, promover la pluralidad de voces y respetar la dignidad de todas las personas entrevistadas. Nada de eso se vio en la entrevista. La búsqueda de la información fue reemplazada por la acusación, y la pluralidad por la estigmatización. Un periodista con responsabilidad social no debería convertirse en un actor que exacerba tensiones, sino en uno que ayuda a entenderlas. Cuando la función de informar queda subordinada a la necesidad de confrontar, el periodismo pierde su esencia.

Un punto adicional que merece reflexión es cómo ciertos sectores de los medios han naturalizado la idea de que cualquier reclamo laboral está necesariamente “politizado”. Esta lectura simplista reduce la complejidad del problema y deshumaniza a quienes sostienen servicios esenciales. Los trabajadores del Garrahan no protestan por capricho ni por ideología, sino porque las condiciones de trabajo afectan directamente la calidad de atención. Asociar automáticamente cualquier reclamo con militancia –no es el objetivo de este artículo analizar ni las militancias ni cómo muchos discursos desde los medios connotan el término- es una forma de deslegitimación que impide discutir lo que verdaderamente importa.

También es preocupante que durante la entrevista Feinmann termina alineándose más con la defensa de los intereses del medio en el cual trabaja (A24) que con su responsabilidad ante la audiencia. Cuando un periodista abandona la pregunta para convertirse en vocero, el riesgo es evidente, la conversación se vuelve un monólogo con micrófono. El periodismo pierde credibilidad cuando responde más a la lógica empresarial que al interés público.

En definitiva, lo que dejó esta entrevista no es solo un momento televisivo polémico, sino una señal de alerta sobre cierto modo de ejercer el periodismo. Un modo que prioriza el impacto sobre la reflexión, el escándalo sobre el contenido y la confrontación sobre la búsqueda de información. El país necesita, ahora más que nunca, periodistas que escuchen antes de acusar, que pregunten antes de asumir, que expliquen antes de gritar. Necesita medios que iluminen los conflictos, no que los distorsionen. Porque detrás de cada reclamo en la salud pública no hay rating: hay vidas. Y eso debería bastar para que el periodismo recupere la responsabilidad que nunca debió perder.

FUENTES
Cuaderno de ética de Héctor O. Becerra.

https://www.lanacion.com.ar/politica/fuerte-cruce-entre-eduardo-feinmann-y-dos-empleados-del-hospital-garrahan-gritos-interrupciones-y-nid04112025/

https://lmdiario.com.ar/contenido/498177/que-carajo-le-importa-a-usted-cuanto-gano-feinmann-cuestiono-a-trabajadores-del-

https://www.politicargentina.com/notas/202511/69743-feinmann-insulto-a-dos-trabajadores-del-garrahan-al-aire-y-el-gobierno-aprovecho-para-desestimar-el-reclamo-en-redes.html