Por Juan José Panno (*)
Lo de los enviados especiales que no son periodistas deportivos no es nuevo. Clarín mandó para los mundiales de Estados Unidos y de Francia, en 1994 y 1998, a Roberto Fontanarrosa, que escribía una columna muy divertida, con mucho humor. El dibujante y humorista Miguel Rep fue enviado de Página/12 al Mundial de 1990 y contaba a su manera los partidos con viñetas. La televisión de aire ha tenido en los últimos años muchos enviados de otras áreas para cubrir el llamado «color», que por lo general resultaba periodísticamente poco colorido y de escaso vuelo.
Lo distinto en esta Copa del Mundo será la cantidad de influencers que viajan y las plataformas en las que volcarán el contenido de su trabajo. Y, por supuesto, en todo eso se abre un abanico muy grande. Como siempre, que esas coberturas resulten buenas o malas, interesantes o no, dependerá del ingenio, la capacidad de trabajo y la responsabilidad de los creadores de esos contenidos. Como Argentina juega en Kansas los enviados tendrán la posibilidad de buscar, por ejemplo, las casas natales de Buster Keaton, uno de los actores del cine mudo más importantes de la historia o la de Charlie Parker, uno de los mejores saxofonistas de todos los tiempos, y buscar relatos en torno de sus vidas. Se supone que eso resultará más atractivo que un influencer mostrando como se pinta la cara con los colores celeste y blanco.
(*) Cofundador de Tea y Deportea
