Por Mora Roust y Facundo Inda
Hay historias que empiezan mucho antes de convertirse en un libro. La de Gustavo Grosso comenzó en el periodismo, cuando todavía era muy joven y daba sus primeros pasos en el diario La Voz de Bragado, en la ciudad donde nació. Una vez instalado en Buenos Aires, estudió en TEA, donde se recibió en 1998. A partir de entonces, desarrolló su recorrido profesional por distintas redacciones, agencias y radios.
Con el periodismo como punto de partida y la escritura como otra forma de contar, Grosso publicó 100 días en la vida. Lo publicó Meta. En esta entrevista, repasó su trayectoria, el origen del libro y aquellas historias que, incluso después de tantos años frente a la noticia, todavía encuentran una razón para ser contadas.
-¿Cómo explicarías tu propio libro?
-El libro se llama 100 días en la vida. Es un libro que arranqué a escribir el año pasado en 100 días. Son 100 historias que escribí una por día, de corrido. Cuando lo empecé a escribir no pensaba que se iba a convertir en un libro. Mirá, en ese momento, me habían despedido del trabajo, en el Ministerio de Desarrollo Social de Nación, llegó la motosierra a ese lugar por lo que tenía más tiempo. Si bien siempre escribo, me encontré con más tiempo hasta que me pude reacomodar en otro trabajo y bueno, me propuse escribir una historia por día que tuviese que ver con una fecha vinculada al fútbol. Además de gustarme el fútbol, me gusta todo lo que pasa alrededor del deporte.El entorno futbolero, las historias que se van tejiendo alrededor de una pelota, a veces buenas, a veces malas, a veces trágicas para algunos y a veces son muy singulares.
-¿Cuál fue el mayor desafío con el que te encontraste?
-Este es un libro que disfruté escribir. Como no tenía la presión de saber que iba a convertirse en un libro, como no tenía una fecha de entrega y nadie me presionaba, lo que es común en el periodismo, no me topé con fuertes inconvenientes. El desafío mayor fue el disfrute de lograr historias con las que me parecía que estaba bueno contarlas, encontrarle una vuelta a las que son conocidas. Revivirlas y contarlas desde un lugar más poético.
-¿Cómo fue hacer un filtro de historias? Ya que muchas te deben haber quedado afuera.
-Estamos acostumbrados cuando trabajamos en periodismo a descartar, a veces se descarta más de lo que se escribe. Y el filtro fue decir hasta acá llego y hasta acá no puedo, pero las historias que fui eligiendo, algunas son históricas como puede ser el 19 de diciembre del 1971, que son fechas emblemáticas para los que nos gusta el fútbol, porque si salimos a encuestar a la gente y le preguntamos qué pasó ese día, a lo mejor hay uno que lo vincula con algo, pero los que somos más futboleros estamos mucho más inmersos de esas historias. El filtro se fue dando solo también, intenté buscar un equilibrio, pero también me fueron apareciendo historias que tienen que ver con esto que insisto, con lo que va por afuera y que a lo mejor es más anecdótico y no es tanto la fecha de las que más consumimos siempre.
-¿A qué público se apunta?
-Público futbolero, en muchos casos un público que muchos de esos días que aparece acá, quizás los vivió, o se lo contó el padre. Por ejemplo, una de las historias que más quiero: la tarde en donde Coppola jugó en Boca es una de las que más aprecio le tengo porque la viví cuando era muy chico, en mis primeras incursiones a la cancha.
-¿A qué fuentes recurriste? Más que nada por las historias que no fueron contemporáneas.
-De todo tipo, principalmente la revista Goles y la revista El Gráfico. Yo tengo las colecciones digitalizadas de las dos, además de tener mucho material en libros. También utilicé archivos de diario, recortes, pero principalmente El Gráfico, la bíblia del fútbol. Lo fui a buscar siempre a Osvaldo Ardizzone, a las crónicas que él escribía. Hay registros ahí, hay algunas crónicas de Ardizone que son para guardar y son fuente de consulta para cualquiera que estudie periodismo, yo les recomiendo que vayan ahí.
-¿Es difícil sacar un libro en este periodo de inmediatez?
-Es más complicado, es un desafío. Yo advierto que si bien es un tiempo en el que se sigue leyendo, capaz que leemos más de lo que se leía antes, pero leemos en formato breve, en Twitter leemos todo breve. Sí, es un desafío, es más complejo. Yo aplaudo todavía a las editoriales chicas. La verdad que es un laburo inmenso, porque hacer un libro cuesta plata, cuesta mucho en edición para después encontrarte con la dificultad esta de que quizás no es fácil venderlo, y a veces hasta lo vendés pero quizás no tenés la certeza de que se van a sentar a leerlo.
-¿Qué le podés decir a las nuevas generaciones de periodistas que tienen en mente lanzar un libro?
-Principalmente lo que le digo es que escriban. Después juntás el material y lo podés llegar a convertir en un libro o en un fanzine, ahora hay otras formas también. Y si tiene que quedar en un PDF, quedará en un PDF, pero lo importante es escribir, yo creo que ahí está la base. Yo se lo digo siempre a los más pibes, escriban. Después si se te amontonan los archivos de Word, en algún momento vas a ir a buscarlos. A veces ni te acordás, pero está ahí y te está esperando.
